miércoles, julio 18, 2018

La Tarea Inútil de Escario.




Yo, Federico Escario García, de cuarenta y tres años de edad, en el empleo desde el veintiocho de marzo de mil ochocientos noventa y cuatro, Coronel Jefe de media brigada, Primera Brigada, División de Manzanillo; General de Brigada en el Consejo de Defensa de Santiago de Cuba, constituido el 15 de julio de 1898 para considerar la capitulación y en la capitulación firmada el 16 de julio de 1898, por la parte española junto al Teniente Coronel Ventura Fontán y por la parte americana el Mayor General Joseph Wheeler, Mayor General W. H. Lawton y Teniente Primero J. D. Miley en la misma ciudad, sumo a la amargura de la derrota, la decepción de comprobar la inutilidad de tanto esfuerzo por la integridad de la patria en una tierra en que sus hijos rechazan la hispanidad por herencia, sus bienes de abolengo, si bien es cierto que España, más que madre, ha sido para ellos madrastra.
He visto al león exhausto, hambriento, enfermo, caer de rodillas ante el ataque de la jauría. He escuchado los relatos de sobrevivientes del buque Mercedes, hundido inútilmente en la parte estrecha del canal de la bahía, acerca del ataque insurgente en los españoles que llegaban a la orilla, desarmados, casi desnudos, heridos, enfermos. He presenciado un ejército sin comida, ni agua, ni suficiente pertrecho, totalmente desatendido por una población cuyas propiedades abandonaba para que aquel las defendiera. Si solamente quinientos veinte hombres habían estado resistiendo por diez horas a las fuerzas invasoras en El Caney, con toda clase de privaciones y con una población civil extra de veinte mil refugiados, muchos de ellos chaqueteros que eran voluntarios y que llegaron de Santiago el día 5 tras el anuncio del bombardeo, ¡qué no habríamos podido hacer de haber llegado a tiempo; Oh, Dios, no permitas que mi patria pierda cuatro siglos de grandeza!
Recibí órdenes precisas de la Habana, por telégrafo, de salir inmediatamente de Manzanillo para Santiago de Cuba, sin distracciones en el camino para llegar antes del 1º de julio de 1898 y ayudar en su defensa.
No llegué a Santiago sino la tarde del 3 de julio, gracias a tácticas dilatorias, hostilidad y encuentros diarios con insurgentes cubanos, notablemente los del general cubano Pancho Estrada, que tendieron emboscadas a lo largo de cincuenta y dos leguas de marcha forzada y mataron o hirieron a noventa y siete de mis hombres.
Salí de Manzanillo el 22 de junio a las 5 de la tarde. Cuando regresamos a esta ciudad después de la batalla de Peralejo, el general Martínez Campos escribió al ministro de la guerra que la recepción del pueblo de Manzanillo, tan frío e indiferente de ordinario, lo había indemnizado de las preocupaciones de esos días. Ahora yo tenía mis nuevas y graves preocupaciones. No pude esperar la llegada de provisiones desde Jamaica en el vapor Purísima Concepción que, aun burlando la vigilancia del bloqueo americano, fue atacado por los buques americanos en Casilda el día 20 y aunque estaba siendo defendido por los vapores Fernando el Católico y el cañonero Dependiente, el combate duró hasta el mismo día 22 y llegó a Manzanillo el 25 de madrugada. Mi columna salió compuesta por tres mil setecientos cincuenta y dos hombres; de los batallones de Alcántara, Andalucía, Cazadores de Puerto Rico y dos batallones del regimiento Isabel la Católica; la segunda sección de la primera batería del quinto regimiento de montaña; parte de la octava compañía del primer regimiento de zapadores; guerrillas montadas de Calicito, Bayamo y Manzanillo; cinco oficiales médicos y treinta hombres del departamento médico destinados a los hospitales de Santiago y la décima compañía de la columna de transporte a cargo de trece mil raciones de galletas y quince mil raciones extra de comida cargadas por ciento cuarenta y ocho mulas y cincuenta bestias de carga.
La noche del 22 acampamos en Palmas Altas, en la que muy pocos pudieron descansar como pretendíamos, quizás porque el suelo anegado por la constante lluvia contrastaba demasiado con la comodidad que quedaba atrás y tan cerca.
El 23 amaneció más claro el cielo, recogimos el campamento, reorganizamos la columna e iniciamos la marcha a las 5 y 30 abriéndonos paso por el margen izquierdo del Río Yara, cortando la alta hierba de Guinea y pasando lejos de las poblaciones para evitar encuentros con el enemigo, según la orden recibida. Atravesamos la llanura de Don Pedro y al oscurecer ordené acampar en un vado del Río Yara, al lado del célebre pueblo homónimo. La vanguardia contestó un fuego cerrado de diez minutos que mató a un hombre e hirió a tres. Habíamos sido hostilizados durante todo el día, pero el enemigo se retiró según el reporte de reconocimiento de la fuerza montada. La acampada fue tranquila y placentera en una arboleda, con un cielo claro.
La mañana del 24 fue anunciada por el toque de diana y después del café se organizó la columna y continuó la marcha a través de Arroyo Pavón, Ana López y Sabana la Loma, sosteniendo ligeras escaramuzas en que murió un hombre y otro fue herido, acampando en la ribera del Río Canabacoa.
El día 25 levantamos campamento a la hora acostumbrada y se procedió a formación bajo un fuerte aguacero, continuando la marcha por Las Peladas, Palmarito y cruzando los ríos Buey y Yao, armando campamento en Babatuaba. Como ayer, la columna fue hostilizada todo el día, pero el enemigo siempre fue rechazado y dispersado, aunque murió un hombre. La noche pasó tranquilamente.
Al cruce del Río Buey no pude evitar el recuerdo del 13 de julio de 1895, del valiente general Santocildes; el que no se apuraba por falta de municiones mientras quedaran bayonetas; el que dudaba que hubieran fundido la bala que le quitara la vida y acto seguido se la quitaron tres. De aquí partieron hacia Peralejo unos mil trescientos hombres al mando de Santocildes, las dos columnas que habían salido de Veguitas; una a las 5 de la mañana con Martínez Campos, su Estado Mayor y los trescientos hombres montados del Primer batallón de Isabel la Católica más cuarenta guerrilleros montados de Manzanillo, bajo las órdenes del teniente coronel Vaquero; la otra treinta minutos después, a las órdenes de Santocildes con el resto, donde se incluían doscientos cincuenta hombres del Sexto Peninsular del teniente coronel San Martín y la columna mía que había se había unido a Martínez Campos a las ocho de la noche del día anterior, proveniente de Manzanillo, a marcha forzada desde el mediodía y  el fango al pecho de la cabalgadura, con cuatrocientos seis hombres del Segundo batallón de Isabel la Católica y sesenta guerrilleros montados. Acabando de pasar el Buey por Barrancas se avistó al enemigo en el flanco izquierdo de la sabana, sin que nos hostilizaran. Una guerrilla de cuarenta hombres de Travesí y cuarenta de Isabel la Católica hicieron un reconocimiento infructuoso. Marchábamos a eso de las doce del día por el camino de Magüey, a dos kilómetros de la bifurcación del camino a Peralejo, cuando la vanguardia del teniente coronel José Vaquero encontró al enemigo, rompiéndose el fuego. Treinta minutos después, ya dentro de la sabana, el fuego enemigo nos envolvía, atacaron primero a la vanguardia, luego los flancos derecho e izquierdo y finalmente por la retaguardia, alternativamente, al ser desplazados varias veces de sus posiciones por nuestras fuerzas montadas, pero restablecidos en el acto por superioridad numérica. Se intensificó el fuego por la retaguardia a mi mando y la extrema retaguardia al mando del comandante Félix Díaz Andino. La situación era enervante; nuestro avance en un cuadro de un kilómetro estaba limitado por sendas cercas de alambre de púas y un arco de manigua que se extendía al frente y los lados desde donde el enemigo disparaba oculto contra nuestras tropas descubiertas.
El capitán Méndez, ayudante del general Santocildes, ya fuera de la sabana, en el camino de Bayamo, recibió una respuesta descortés al instar a su jefe a que abandonara su posición, creyendo que estaba siendo apuntado por el enemigo; luego de algún tiempo, a la tercera hora de combate, pudo verlo en el suelo rodeado de dos asistentes, muerto al lado de su ayudante de campo el teniente Sotomayor, que lo quiso socorrer. Se hizo cargo de la columna el mismo Martínez Campos, quien puso a la vanguardia al teniente coronel Francisco San Martín que había avanzado desde el flanco derecho hasta esa altura, tras haber sido herido gravemente el teniente coronel Vaquero. Martínez Campos concibió un avance después de una hora de fuego cerrado y ordenó cargar a los frentes de la sección exploradora y las compañías primera y tercera de Isabel la Católica al coronel teniente coronel de Estado Mayor Máximo Ramos, su ayudante capitán Primo de Rivera y su ayudante teniente marqués del Baztán, lo que puso en fuga al enemigo, todo cubierto con fuego vivo de los flancos. Notando el general que la retaguardia a mi mando estaba a la altura del camino de Magüey, concibió invertir el orden de formación, tomando yo la vanguardia y ésta pasando al flanco derecho y retaguardia; pero el paso del arroyo Babatuaba se convirtió en un cuello de botella por el alto número de acémilas y heridos y volvió a intensificarse el combate. Entonces la caballería enemiga, demasiado tarde, intentó obstaculizar el paso por el flanco izquierdo, pues no habían apostado fuerza alguna en el arroyo. Maceo quedó desconcertado y, ya cruzado el arroyo, sólo algunos grupos de caballería hostilizaban nuestra retaguardia. Llegamos a Bayamo a las 9 de la noche, burlando a un enemigo seis veces superior, práctico en el terreno, hábil y bien armado.
Había llegado el general en jefe con su Estado Mayor a Manzanillo en el vapor Villaverde, 10 de julio de 1895 a las 10 de la noche, recibido por el comandante general del distrito Sr. Lachambre, el comandante militar de la plaza, el ayudante de Marina y el alcalde municipal. Llevaba el propósito de visitar Bayamo donde según la voz general había grandes deficiencias y Lachambre le informó que tenía noticias de que a tres leguas de Bayamo esperaba Maceo con tres mil negros del sureste oriental más las partidas de la jurisdicción, cuyo cabecilla más importante era Bartolomé Masó, pero quien no secundaba a Maceo en su obra de destrucción, desolación, asesinatos y atropellos, lo que provocó entre ellos gran disgusto. Pidió cabalgaduras para sus hombres sin indicar el rumbo que tomaría la próxima madrugada a las cuatro, acompañado por la columna del teniente coronel Vaquero, perturbando el silencio de las calles de la ciudad, como alma que lleva el diablo.
El 26 de junio de 1898 recomenzó la marcha a Santiago a las 6:30 de la mañana. Tuvimos un día muy largo y atareado con escaramuzas contra avanzadas enemigas a través de las alturas de San Francisco, Peralejo, Río Mabay y Almirante, donde acampamos. Castigamos duramente al enemigo sin sufrir el más leve daño.
La moral de la columna era excelente y la hora apropiada para elevar su espíritu haciendo una movida que, aunque contradecía las órdenes de no trabar batalla, satisfaría un deseo generalizado en la tropa: no pasar de largo ante una ciudad ingrata e infestada de enemigos. Decidí que el segundo comandante ocupara Bayamo. Ordené al coronel Manuel Ruiz formar dos columnas con 600 infantes y una de caballería. Las tres columnas salieron a las 3 de la tarde, después de la primera merienda, rumbo a Bayamo, a mostrarle que todavía España estaba viva y a dispersar al enemigo. Al mando de la fuerza de caballería iba Luis Torrecilla, comandante del primer batallón de Isabel la Católica; el teniente coronel Baldomero Barbón en uno de los grupos de infantería y el otro a cargo del mismo coronel Ruiz. Las tres columnas avanzaron hacia diferentes puntos, acercándose al objetivo sin dificultad; se escuchaban señales de alarma y se veían grupos corriendo por las calles, pero el enemigo no disparó hasta que nuestras columnas silenciosas y en orden alcanzaron la ribera del Río Bayamo, tratando de detenerlas con un fuego estable de fusilería.
A la orden de ataque nuestras fuerzas cruzaron raudamente el río, armas en ristre, y entraron sin resistencia al bastión enemigo de España. Tuvimos que lamentar una sola baja. Aquella horda tuvo que retroceder en fuga precipitada. Ocupamos edificaciones y calles y varios grupos reconocieron la ciudad completa. Se encontraron paquetes de documentación y correspondencia y se destruyeron la estación y parte de la línea telegráfica que habían establecido los insurgentes con Jiguaní y Santa Rita.
Como era de esperar, los bayameses no brindaron información alguna sobre el enemigo. Unos pocos entreabrían las puertas por curiosidad, sin disimular su disgusto por la presencia inesperada e indeseada del soldado español.
Las fuerzas regresaron a Almirante desconociendo los resultados de ese día; sólo después se supo: el enemigo tuvo diez muertos y nueve heridos. Así terminó la primera parte de nuestra gloriosa marcha desde Manzanillo.
Resulta imposible ignorar la diferencia que hacen tres años en la vida cotidiana. Nuestra entrada a Bayamo con Martínez Campos el 13 de julio de 1895 fue triunfal. Se comentaba que en los alrededores se habían concentrado unos seis mil separatistas incluyendo a los Maceo, Tamayo, Rabí, Salvador Ríos, Periquito Pérez, Quintín Banderas. Antonio Maceo quería dar un golpe de efecto que bien podía ser volver a quemar la ciudad, conociendo su situación defensiva por sobrados informantes internos; no tenía fuertes exteriores, ni circuito de ninguna clase, las defensas interiores eran débiles y aisladas, sus combatientes y recursos no eran una incógnita: la ciudad estaba prácticamente desguarnecida desde el día 9 de julio de 1895 en que habían salido cuatrocientos hombres escoltando un convoy a Cauto y sólo quedaba una sección de artillería con una pieza de montaña, otra sección de ingenieros, una guerrilla de catorce caballos y unos ciento cincuenta infantes, unos cuarenta voluntarios, alrededor de cien enfermos del hospital militar disponibles y unos trescientos fusiles. Por eso la noche del 12 el comandante militar Vara del Rey, esperando un ataque masivo por todos los puntos, al tomar sus disposiciones, animó a la ciudadanía con excelente espíritu, pero con precarias posibilidades. Maceo no atacó Bayamo porque la acción contra Martínez Campos en el camino de Manzanillo valdría mucho más. En esta ciudad el Casino español sirvió de capilla ardiente amplia para los cadáveres de los héroes que pudieron rescatarse; el entierro de Santocildes, su ayudante Sotomayor  y los otros mártires, a las 5 de la tarde del domingo 14, significó una muestra de amor patrio; ahora nos tocaba la otra cara de la moneda.       
Al romper el día 27 de junio en Almirante levantamos campamento y seguimos camino por la sabana de Guanábano, a través de Chapala cruzando el Río Cautillo, destruyendo la línea telegráfica enemiga desde Bayamo hasta Santa Rita, donde acampamos sin novedad.
A las 6 del día 28 retomamos la marcha hacia Baire vía Cruz Alta, Río Jiguaní, Jiguaní, Piedra de Oro, Granizo, Cruz del Yarey y Salado.
El enemigo, más numeroso que en días anteriores y en alturas dominantes del vado del Jiguaní, trataba de impedirnos cruzarlo, lo que frustramos con oportunos ataques por sus flancos y tiros de artillería precisos. Después continuamos la marcha sin interrupción hasta Cruz del Yarey, donde aparecieron nuevamente, pero ofreciendo menos resistencia.
Estaban resueltos a impedir nuestra marcha, sin embargo, pues nos estaban esperando en las ruinas de lo que había sido el poblado de Baire y en cuanto nos divisaron comenzaron un hostil fuego de fusilería, silenciado por el rápido avance de la vanguardia que los precipitó a una vergonzosa fuga. En este encuentro fue herido mi segundo comandante, coronel Manuel Ruiz, y muerto su caballo. Tuvimos cuatro soldados muertos y cinco heridos y acampamos esa noche en Baire.
El día 29 mandé a suspender la marcha para descansar. Lo sofocante de la marcha abriendo camino por la alta hierba a lo largo de casi todo el trayecto en fila india, la lluvia incesante que mojaba la ropa y ponía el suelo resbaladizo, las enfermedades y heridas que provocaban largas filas de camillas, la certeza del cumplimiento de la mitad del camino, la condición sine qua non de una encrucijada con tres caminos diferentes a Santiago, todo esto me llevó a esa decisión. Tuvimos tres heridos más, aun así.

El 30 al amanecer abandonamos Baire y nos encaminamos a Palma Soriano, donde dejamos heridos y muertos para continuar marcha via Ratonera, Arroyo Doncella y el Río Contramaestre hasta La Mantonia, con el objetivo de pasar la noche. Pero tan pronto como la columna comenzaba a ocupar el camino a la Ratonera, el enemigo abrió fuego desde trincheras, siendo silenciado por las primeras tropas que salían. No me fue difícil vislumbrar que ese ataque era un preludio de emboscadas y cambié la ruta para evitar bajas, por lo que nuestras fuerzas llegaron a los barrancos de Arroyo Doncella, cuyo vado alcanzamos por un estrecho sendero. Nuestra vanguardia provocó la salida del enemigo de sus posiciones en acecho sin contestar a sus disparos. Cuando nos concentramos nuevamente tras vadear el Doncella, nos decidimos a vadear el Contramaestre, donde debía de esperar el enemigo, a juzgar por sus notas y amenazas escritas a lo largo de la ruta. El teniente coronel Baldomero Barbón, al mando de media brigada de vanguardia desde que el coronel Ruiz había sido herido, desplegó sus soldados en orden de combate y avanzó resueltamente. Nuestra columna tenía que salir de la zona montañosa a través de un estrecho valle del Contramaestre, en descampado, a plena vista de posiciones dominantes del enemigo y obligados a ascender la empinada ruta hacia la ribera opuesta. Con la hierba de Guinea como escudo y sus corazones como trincheras, estos bravos soldados me seguían con aplomo y disciplina. Era verdad que el enemigo nos acechaba en grandes números y posiciones inexpugnables para adversarios que no aceptaran el reto, pero los desconcertamos con un fuego cerrado de fusilería, disparos certeros de artillería y un avance relámpago que les derrumbó su moral combativa y los hizo retroceder, abandonando sus posiciones a los que desafiaban la muerte, conscientes de su tarea sagrada impuesta por el honor.
Tras el cruce del Contramaestre, a través de extensos pastizales, la columna llegó a la finca La Mantonia, donde variadas huellas alrededor de sus diversas chozas indicaban la cercanía de grandes fuerzas enemigas. Como en efecto, tan pronto entró al lugar la vanguardia, comenzaron a hostilizar con disparos aislados desde trincheras en una ladera de unos mil doscientos metros cuya línea debíamos pasar sin otra protección que las altas yerbas.
Francisco González, al mando de dos compañías de vanguardia del batallón de Alcántara y cumpliendo órdenes del teniente coronel Barbón, después de haber observado la disposición de las trincheras enemigas, avanzó firmemente y sin contestar al fuego, a lo largo del único pasadizo posible, hasta que logró tenerlas a tiro hecho por el flanco izquierdo, obligando al enemigo a abandonarlas, que también dejó mucha munición Remington. Fueron heridos ese día nueve soldados rasos y el capitán Genaro Ramiro, del batallón de Alcántara y murieron cinco.
En Manzanillo se había efectuado la primera batalla naval donde el alto mando americano pretendía destruir cuatro cañoneras españolas surtas en el puerto, por los buques Hist, Hornet y Wompatuck. En media hora de batalla contra las cañoneras, baterías de costa e infantería desde la colina, el primero fue impactado once veces, el segundo puesto fuera de combate y el tercero seriamente dañado.
El amanecer del primero de julio anunciaba un día aciago. Reiniciamos la marcha a través de Las Lajas, desplazando enemigos de buenas posiciones y vadeando el río Guarinao. Supimos que cerca de allí había considerables fuerzas hostiles por las escaramuzas que sostuvieron nuestros destacamentos al sorprender dos emboscadas. La columna descubrió un campamento recién construido en el centro de una depresión del terreno, rodeado de escarpadas lomas, con capacidad para unos dos mil hombres. Convencido de la idoneidad del lugar para una emboscada, impartí órdenes para el avance y posicionamiento de la artillería.
El enemigo activó una línea de defensa limitada por montañas a ambos lados e incluyendo la loma de Aguacate y nuestra estación de heliógrafo. Aunque dedicamos mucho más de la mitad de la columna repartiendo una lluvia de balas no logramos moverlos. Ordené alto al fuego y envié señales de corneta porque la tenacidad y organización de aquellos combatientes me hicieron dudar de su identidad. Reiniciamos el ataque y mandé tomar las posiciones hostiles. Mi columna avanzó serena, segura, bien dirigida, gritando hurras a su patria, en pos de la muerte: con una violenta carga a la bayoneta, desplazó al enemigo de su trinchera, donde quedaron abandonados diecisiete cadáveres y munición bastante moderna. Esta batalla fue la más difícil desde que salimos de Manzanillo, con siete muertos y cuarenta y dos soldados y un teniente heridos: los rebeldes querían lucirse con Schafter. Continuamos marcha hasta Arroyo Blanco, donde pernoctamos.
Ese día frente a Manzanillo pasaron dos buques auxiliares por el canal Cuatro Reales, enviados por Sampson, de apoyo al escuadrón de Young, derrotado veinticuatro horas antes. El Scorpion, que portaba cañones de repetición de cinco pulgadas y el Osceola, comandados por los tenientes Marix y Purcel habían pasado la noche en Cabo Cruz. En una hora de batalla la precisión, rapidez y uniformidad de fuego de las fuerzas españolas en Manzanillo obligaron a los americanos a retirarse, levantando su moral combativa significativamente.
Ese mismo día a las siete de la mañana en Santiago comenzó el ataque de la flota americana con los buques New York y Oregon, que duró hasta las once. Desde un globo cautivo observaban una ciudad fantasma, por cuyas calles transitaba sólo algún soldado, voluntario o merodeador. Los ladridos de los perros abandonados, el silbido de los proyectiles volando por sobre las casas vacías y las explosiones conformaban un concierto macabro. Toda la población había huido hacia El Caney obedeciendo la advertencia del alto mando americano. En el Caney el general Vara del Rey combatía casa por casa desde las seis de la mañana, con quinientos veinte hombres, contra una fuerza invasora mucho más numerosa y poderosa bajo las órdenes del general Wheeler y el general Linares en la loma de San Juan con doscientos cincuenta hombres contra el coronel Chaffee. Los americanos no sólo tenían ventajas numérica y de armas, sino también la cooperación de los mambises y quizás de la providencia: cuando era transportado en camilla, bajo una lluvia de proyectiles, con ambas piernas heridas por mosquete, Vara del Rey y dos camilleros fueron muertos instantáneamente.
El segundo día de julio, al experimentar la misma estrategia insurgente de lentificar nuestra marcha hacia Palma Soriano, que alcanzamos a las tres de la tarde, sentí una gran frustración por no haber llegado a tiempo a la meta: aquellos nuevos cuatro muertos y seis heridos ya me parecieron bajas inútiles. La respuesta del jefe del ejército en Santiago a un heliograma que le mandé a San Luis fue que grandes fuerzas americanas habían desembarcado y dominaban partes de la ciudad y que debía forzar la marcha para apoyar la defensa de la plaza. Sólo para cumplir con una orden expresé a mis hombres reunidos: "Soldados: salimos de Manzanillo porque el enemigo amenazaba a Santiago. Debemos correr a ayudar a nuestros compañeros. Nos llama el honor; el nuestro y el de nuestros padres. Yo, que estoy orgulloso de haberlos acompañado en estos días en que nuestra patria exige de nosotros redoblar energía y coraje, les dirijo estas sencillas palabras para que sepan que estoy profundamente complacido con vuestro comportamiento, para destacar la necesidad de hacer un esfuerzo supremo que salve el honor de nuestra amada patria, como hemos hecho hasta ahora. Entonces gritemos, Viva España, y vayamos en busca de aquellos que quieren averiguar lo que vale cada uno de ustedes. La victoria es nuestra."
Ordené una cena abundante y descanso, sin saber que en Santiago mis compatriotas tenían para comer solamente arroz hervido. Todos los comercios estaban cerrados y los que abrían se aprovechaban de la situación.  
El 3 de julio la diana tocó a las dos de la mañana. Marchamos sin descanso, sin comida ni pausa en la hostilidad rebelde, escuchando el estruendo de la batalla próxima en crescendo, hasta las once, cuando tuvimos la primera vista de la ciudad sitiada y supimos de la inmolación de nuestra flota en una escapada imposible. Organicé una columna relámpago con treinta hombres de los más fuertes  de cada compañía del primer batallón del regimiento de Isabel la Católica y la caballería completa, bajo el mando del teniente coronel Baldomero Barbón, con la que llegamos a Santiago a las tres de la tarde. Al llegar el resto de la columna se diluyó en la defensa de la ciudad.
Durante toda la marcha habíamos tenido veintisiete muertos y heridos sesenta y ocho soldados, dos oficiales y un coronel.
Ante la inminencia de la hecatombe, me aterraba el pensamiento del destino de nuestras familias, allá lejos, donde los americanos bombardeaban la ciudad desde el mar y los insurgentes atacaban desde los alrededores.



miércoles, febrero 14, 2018

Le llamaban Manuel. Nació en Manzanillo.

Murió completamente Manuel Hechavarría. Ya estaba siendo muerto mucho tiempo antes, como muchísimas cosas, situaciones, hechos, personajes, instalaciones e instituciones del Manzanillo histórico que no caben ya, a estas alturas en la historia oficial de los fidelistas. Han tenido que cometer un culturicidio atroz para llegar a armar el muñeco que hoy descansa en paz en su lecho de Procustes.
Manuel era un héroe local; nunca tuvo posibilidad de sobrepasar los límites del municipio. No os dejéis engañar porque le rindieron honores en la Vana y fue enterrado con toda pompa político-militar: ese es es el detalle; alejarlo de Manzanillo.
Dicen los que saben que Celia nunca lo rodó. Fue apresado cerca de Niquero y presentado a la prensa recién desembarcado,  (y declaró que había sido embarcado, mucho antes que los invasores brigadistas 2506), acompañado por un sacerdote, su madre y su hermana de él. Eso no se hace. Eso es válido solamente si el sacerdote se llama Pérez Serantes y el cautivo tiene otro nombre. Y este hándicap, si no fue escarnio, fue lastre. Nunca escaló grandes posiciones ni recibió importantes reconocimientos. Con paciencia de Job y lealtad perruna vio pasar deserciones, ascensos y olvidos sin hacer el más mínimo reclamo. Todo el trabajo ideológico que desplegó en la costa del Guacanayabo organizando el movimiento 26-7 se conoce sólo en Manzanillo, donde para la historia oficial solamente hubo actividad mientras estuvo presente Celia Sánchez, que lo describía como un lugar hostil y lleno de chivatos.
Hay una frase que se interpone en la exposición de las nuevas leyendas fidelistas, llenas de heroísmos pujados, respecto a la celebridad de Celia. Cuando Manuel le trasmite a Fidel la solicitud de ella de irse a México, aquel responde que "si esa mujer" era tan valiosa, donde mejor estaba era en Cuba. O sea, no la conocía, a pesar de haberse reunido ella a principios de enero de 1956 con Frank País, Pedro Miret, Andrés Luján y Manuel. Parece que los hechos históricos eran más fortuitos de lo que se plantea.

sábado, agosto 26, 2017

Censurado en onCuba...(tras la muerte anunciada.)







El gobierno de Estados Unidos confirmó este jueves que 16 estadounidenses sufrieron afectaciones de salud en Cuba, como consecuencia de presuntos y misteriosos “incidentes acústicos”.
“Podemos confirmar que 16 miembros de la comunidad de la embajada han sufrido algún tipo de síntoma, y han sido tratados en Cuba y los Estados Unidos”, indicó en una rueda de prensa la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert.
Entre los afectados, Nauert precisó que figuran tanto diplomáticos como familiares de empleados de la embajada estadounidense en La Habana. No obstante, subrayó que aún se ignora quién es el responsable de este enigmático suceso.
“Consideramos la situación como extremadamente seria (…). No conocemos quién es el responsable, la investigación está en marcha”, afirmó la vocera, quien apuntó también no tener noticias anteriores “de este tipo de actividad”.
Agregó que “algunos” de los afectados están todavía en Cuba mientras “otros” regresaron a Estados Unidos.
Funcionarios de inteligencia estadounidenses han comentado que se valora una serie de posibilidades, basadas en los síntomas reportados, y que todavía no está claro si ondas sonoras ultrasónicas son las culpables de lo sucedido. También podrían haber sido ondas de radio o incluso un intento de envenenamiento, dijo un funcionario citado por la NBC.
Por su parte, la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Huckabee Sanders, se limitó a señalar en rueda de prensa que el presidente Donald Trump ha sido informado de los incidentes.
Tanto el Buró Federal de Investigaciones (FBI) como el gobierno cubano están investigando los hechos, que según el Departamento de Estado tuvieron lugar a finales de 2016 y se detuvieron en esta primavera.
Aunque la administración Trump se ha referido públicamente a “los incidentes”, no ha confirmado los informes de prensa que apuntan a que los diplomáticos fueron víctimas de un “ataque acústico” con “dispositivos de sonido” que les habrían hecho perder capacidad auditiva.
El gobierno estadounidense decidió expulsar en mayo a dos diplomáticos de la Embajada de Cuba en Washington por considerar que La Habana no cumplió adecuadamente su obligación de proteger al personal estadounidense.
El gobierno cubano ha negado dirigir cualquier acción contra los empleados estadounidenses y mostró su disposición a realizar una investigación conjunta.
En un comunicado oficial, el Ministerio de Relaciones Exteriores de la Isla afirmó que “Cuba jamás ha permitido ni permitirá que el territorio cubano sea utilizado para cualquier acción en contra de funcionarios diplomáticos acreditados ni sus familiares, sin excepción”.
Mike L. Palomino
Parece que el aparatico que tiene el gobierno cubano, diseñado para enceguecer con alta eficiencia a diez millones de cubanos, sufrió algún desperfecto y ahora está ensordeciendo a algunos diplomáticos extranjeros.
Está haciendo cosas raras porque, ¿puede haber algo más importante para onCuba que las palabras del Sr. D. Canel sobre onCuba? Sin embargo, parece que el aparato les hizo daño también, porque no las escucharon.
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jueves, agosto 24, 2017

El día de la reina.

Yo aprovecho el día de la mujer para denunciar una discriminación de género en nuestro país.
Sucede que mi aldea en Oriente fue una ciudad importante desde que se fundó, mucho tiempo después que su puerto, hasta la desastrosa NDPA del 76 pasado. Le cerraron el puerto que es cerrarle la vida; un puerto por donde viajaban los padres fundadores hacia Europa o New York, dizque por la contaminación de los barcos que alumbraban la bahía en las noches del Beny. Por este puerto entró el último desembarco de negros al país y salió Gómez al exilio. También por allí entraba y salía el conde de Valmaseda para mantener la zona tranquila cuando Cuba era española y próspera. En ese puerto pernoctaban los pasajeros de los buques Menéndez en tránsito Batabanó-Santiago y las compañías de espectáculo que se presentaban en el teatro que inauguró el Padrazo. El puerto manzanillero fue testigo de las últimas batallas contra los gringos que bombardearon tres veces la ciudad, cuando ya Santiago se había rendido, hasta el  preciso momento del armisticio. 
Manzanillo, en la industria de hospitalidad, tenía más hoteles que Santiago. Trece. No queda ninguno, a excepción de una mole de concreto prefabricado que no es art deco ni moderno, sino estilo Bolo.
Muchos cabarets, muchos bares, muchos prostíbulos desaparecieron y no han vuelto.
En transporte tenía tren rápido, por lo que se salvó un clandestino que devino general, tras hacer un acto de tabotaje en la capital, así como también tenía tren lechero. Volaban aviones diariamente a la Vana, Santiago y Camagüey. Dicen los viejos que a Miami, pero yo no me acuerdo. Las guaguas a la capital eran como seis, a Santiago una cada hora y media, a Bayamo cada hora, General Motors Camberra con forrito en el asiento. De aquello nada.
En los edificios habían varias cúpulas, como siete, todas destruidas.
Antes de Vuestra Era, en los cincuenta, la región recibió, apoyó y armó la guerrilla de Fidel, cuando en en cualquier pueblo de Cuba, exceptuando a Santiago, todo marchaba en la mayor normalidad. Después la historia oficial cambió y ya no es una revolución que ahijó la pequeña burguesía manzanillera junto a la bandera roja que enarbolaban Martinillo y Francisco Calderío. En esa época un reportero estrella del New York Times pudo pasar inadvertido en la ciudad, a la que consideró una ciudad floreciente. El que llega al municipio hoy día no puede creer lo que llevo dicho sobre aquella ciudad.
Ahora que parece haber algo que funciona aceptablemente bien, como el turismo, Manzanillo, aparentemente, va pa la cola, el último otra vez.
Resulta que lo que tenemos es, aparte de la historia de la patria y la música, por delante mar y por detrás montaña. Casi nada. Las montañas ya están siendo ofertadas al turismo canadiense, pero el mar no. Y no es un mar cualquiera; es la mejor y más conservada zona de buceo de todo el puto caribe. Es el extremo del archipiélago Jardines de la Reina, que no tiene absolutamente ningún plan futuro de turismo. Ya están apareciendo artículos con información sobre buceo turístico en los jardines de la reina, pero sólo en áreas pertenecientes a Ciego y Camagüey. Es decir, que los cayos de Manzanillo se quedaron afuera, se quedaron sin archipiélago.
Todo es Jardín del Rey. Y la Reina, ¿qué?
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martes, agosto 22, 2017

Un promotor musical de alcance mundial.


Si cada manzanillero célebre hubiera llevado a su terruño un granito de arena, Manzanillo fuera hoy día una de las ciudades más importantes del mundo.
Ernesto de Quesada López Chávez paseó el arte musical, operático y danzario por toda hispanoamérica con un éxito difícil de igualar.
Fundó la Sociedad Musical Daniel en España en 1914. Comenzó la difusión musical de artistas como Arturo Rubinstein, Brailowsky, Andrés Segovia, Gaspar Cassadó. Allí también fundó y financió la Asociación de Cultura Musical que llegó a tener cincuenta delegaciones en ciudades en las que no se había escuchado un recital de música clásica y adonde llevó figuras importantes y un piano de cola en calidad de préstamo. En 1917 organizó una gira de conciertos de Rubinstein por Buenos Aires, Montevideo, Santiago de Chile y Valparaíso.
En 1919 organizó una gira por Brasil, Argentina, Uruguay y Chile para el pianista rumano Georges Boskoff.
En 1920 dio instrucciones a su representante en Buenos Aires para preparar diez conciertos del pianista Edouard Risler, que se repitieron en Río y Montevideo. Este año también hubo giras del pianista Ignace Friedman, el guitarrista Andrés Segovia y el violinista Paul Kochanski.
Durante los próximos cinco años Conciertos Daniel contrató para las temporadas de ópera del Teatro Colón de Buenos Aires a los directores de orquesta Felix Von Weintgartner, Richard Strauss, Emil Cooper y Gregorio Fitelberg. También tocaron los pianistas Ignace Friedman, Tomás Terán, Emeric Stefaniai, José Arriola y el violinista Manuel Quiroga.
En octubre de 1922 Ernesto de Quesada firmaba contrato con Andrés Segovia para una gira de cuarenta conciertos por Cuba, Puerto Rico y México.
En el año 1925 llevó a Lecuona a su primera gira de España; contrató a Alexander Brailowsky para su debut en el teatro Regis de Ciudad México y fue a Berlín para negociar con el director de la Opera del Estado un contrato con el Teatro Colón.
Ya en 1926 estaba debutando Erich Kleiber al frente de la orquesta del Teatro Colón de Buenos Aires, interpretando obras de Beethoven, Brahms, Mahler, Mendelssohn, Strauss, Dvorak, Mozart, Wagner.
En el año 1927, conmemorativo de Beethoven, estaba de vuelta Erich Kleiber en Buenos Aires dirigiendo las nueve sinfonías, oberturas, Misa Solemnis y el concierto número 5 para piano, con Wilhelm Backhaus como solista; acompañó al violinista español Manuel Quiroga en gira por Sudamérica, el Caribe y México, así como firmó un contrato en Barcelona con el tenor Miguel Fleta
Trae nuevamente a Kleiber en 1929 a dirigir dieciocho conciertos en Buenos Aires y organiza giras de los pianistas Beno Moisewitch e Ignace Friedman, la clavecinista Wanda Landowska y el violinista Nathan Milstein
Vuelve Erich Kleiber a Buenos Aires en 1937 dirigiendo ópera. Conciertos Daniel lo contrató para dirigir las orquestas de Brasil, Chile, Perú, Cuba Guatemala y México durante los años de guerra.
De 1930 a 1932 propició giras por Sudamérica de los pianistas Claudio Arrau, Nicolai Orloff, Mieczyslav Munz, el cuarteto de Londres y el cuarteto de laúdes Aguilar; el pianista Friedman por México, Centro América y el Caribe; el declamador José González Marín.
Trae el Original Ballet Russe a la Habana en marzo de 1941, con hermosos ballets nunca vistos en Cuba; encuentra una cálida recepción y una inoportuna huelga profesional por cortes de salario al cuerpo de ballet.
Lleva a Kleiber para sus últimos seis conciertos en México en septiembre de 1955.
Murió en 1972.
Había nacido manzanillero entre dos guerras, el Primero de diciembre de 1884.    

jueves, agosto 03, 2017

Un comentario en On Cuba

Jardines dignos de una reina

                                
Mucho mundo hermoso y nuevo había visto el almirante Cristóbal Colón cuando llegó por segunda vez a la Isla de Cuba, bautizada por él como Juana. En fin, si ya en 1492, en las orillas de Bariay, le pareció al genovés que aquella era la “tierra más fermosa [sic] que ojos humanos vieran”, aunque no existe registro de una frase similar, lo mismo debió pensar dos años después, cuando su navío enfiló por la costa sur cubana y un centenar de islotes develó ante sus ojos el paraíso.
El paraíso era un archipiélago laberíntico en el que los manglares, los matorrales y las dunas dibujaban un paisaje exótico y desconocido para Colón. Ante la belleza que se abría a su paso, no vaciló. En honor de quien fue la principal benefactora de sus travesías lo llamó Jardines de la Reina, a pesar de que Isabel la Católica nunca conoció tales maravillas de la naturaleza.
Años más tarde, Diego Velázquez, bojeando el norte cubano, encontraría otro conjunto de cayos a los que, tal vez en desagravio y para apaciguar el honor herido de Fernando de Aragón, nombraría Jardines del Rey. Pero esa es otra historia.
La relativa lejanía de tierra firme (unas 50 millas náuticas) y lo enrevesado de sus canales, así como los cientos de islotes que lo integran, hicieron del Archipiélago Jardines de la Reina un sitio prácticamente inexplorado, que sobrevivió a cinco siglos de depredación. Sus aguas y cayos, no obstante, pueden contar historias de corsarios y piratas, trata de esclavos, naves hundidas y familias de pescadores que las poblaron desde finales del siglo XIX y hasta la década del 60 del XX.
No fue hasta 1996 que el Estado cubano declaró Zona Bajo Régimen Especial de Uso y Protección a Jardines de la Reina; luego, en 2002, se propuso declararlo Parque Nacional, decisión adoptada en 2010. Esta categoría de manejo implica garantizar la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad, teniendo en cuenta que es una de las prioridades del programa Nacional de Medioambiente y Desarrollo cubano. Allí está prohibida la pesca comercial y la actividad turística tiene características especiales.
Ubicado al sur de la isla mayor, desde Cayo Bretón hasta Cabeza del Este, el conjunto de islotes y el mar que los circunda ocupan más de 2000 kilómetros cuadrados, en territorio de dos provincias: Ciego de Ávila y Camagüey, que lo convierten en una de las áreas mejor conservadas del Caribe.

Pero, ¿qué lo hace tan especial?

Noel López Fernández, buzo guía de la estación de buceo internacional Avalon y a quien han llamado, incluso, “encantador de tiburones”, lo tiene claro. “Es un área única, reserva de biodiversidad, incluso de especies no descritas aún. Aporta a todo el Caribe y hasta a Estados Unidos. Hay una conexión tremenda, las corrientes marinas que pasan por el sur de Cuba arrastran larvas de peces y corales, por el Estrecho de la Florida y suben hasta Carolina del Norte.
“Por ejemplo, la guasa, tiene en Jardines de la Reina un hábitat incomparable, no solo en nuestra zona geográfica, sino a nivel mundial. Desde el punto de vista económico, también es una fuente inestimable de recursos. No por la pesca, sino por la actividad turística, que allí tiene condiciones particulares”.
Se refiere Noel a la estación de buceo internacional Avalon que promueve opciones muy atractivas para un turista que no busca sol y playa, sino el contacto directo y la observación de la naturaleza. Desde la fotografía submarina, hasta el baño con tiburones y cocodrilos, son poderosos imanes que garantizan demanda todo el año.
“Los clientes vienen buscando, fundamentalmente, tiburones, guasas y cocodrilos. Somos pioneros en el mundo en ofrecer la posibilidad de nadar con cocodrilos y fotografiarlos. Al principio recibimos muchas críticas, nos decían que podía ocurrir un accidente, pero no fue así. Son animales muy inteligentes y no se sienten amenazados por nosotros, se han acostumbrado a nuestra presencia”.
Sin embargo, no son los escualos ni los grandes peces lo que más apasiona a Noel. Para él, la verdadera maravilla está en los invertebrados, seres minúsculos que hacen inmenso el mar. “Me encanta buscar; a veces aparecen ejemplares de especies nuevas para la ciencia. Nos ha sucedido en muchas ocasiones”.

Un oasis en el océano

En 2009, el Dr. en Ciencias Fabián Pina Amargós aseguró que en el archipiélago había trabajo para, al menos, 100 años. Si lo dice él, debemos creerle, pues una buena parte de su experiencia como biólogo marino la ha dedicado a estudiar, sobre todo, la ictiofauna de esa zona.
Precisamente con una investigación sobre la guasa, que él ha denominado como un elefante en el mar por su gran tamaño, mereció una beca de la fundación norteamericana Pew Charitable Trust en 2012. En su opinión, quedan muchos secretos por develar, relacionados con la resiliencia de la barrera coralina de Jardines de la Reina, por ejemplo, la cual muestra una salud envidiable comparada con las del resto del Caribe.
En 2015, Pina Amargós participó junto a expertos cubanos y la Environmental Defense Fund en una acción conjunta entre Cuba y Estados Unidos que, por primera vez, permitió capturar y marcar tiburones para su posterior estudio y conservación. El pasado año, el científico acompañó a dos prestigiosos fotógrafos de la revista National Geographic durante su estancia en el archipiélago. El artículo “Las joyas subacuáticas de Cuba están en la ruta del turismo”, de David Doubilet y Jennifer Hayes, no solo describe la belleza del lugar, sino la incertidumbre de su futuro ante la apertura del turismo internacional, en especial el norteamericano.
“Este oasis en el océano florece porque Cuba protege activamente la reserva, donde las mareas y corrientes ayudan a retener nutrientes y larvas. Hasta ahora, el ecosistema marino ha demostrado ser resistente al blanqueamiento de corales, pero enfrenta la misma amenaza que otros arrecifes, pues el océano se calienta, acidifica y se eleva”.
Cuando el Dr. Fabián habla en términos de oasis se puede comprender la dimensión de los Jardines de la Reina como reservorio genético de relevancia mundial. Habitan allí centenares de especies de la flora y la fauna, terrestres y marinas, muchas de alto endemismo en Cuba y otras de un valor inestimable. Corales negros y cuerno de alce, seis especies de tiburones, cuatro de tortugas, invertebrados casi desconocidos por la Ciencia, reptiles, mamíferos, peces, tantos y tan bien conservados que algunos lo llaman Las Galápagos del Caribe.
Hoy Jardines de la Reina mantiene sus valores naturales casi inalterados, porque la explotación turística se realiza sobre bases ecológicas y sostenibles. Solo se puede llegar hasta allí partiendo del puerto de Júcaro, al sur de Ciego de Ávila.
La empresa Marina Marlin Azulmar, enclavada en esa localidad, opera ocho embarcaciones de vida a bordo y el hotel flotante Tortuga Avalon, que ofrece servicios integrales a los clientes durante el ciclo de siete días. Al año, unos 2500 turistas acceden a esta modalidad en la que no se trata de tomar el sol y leer un libro a la orilla de la playa, sino de interactuar con la naturaleza en su estado prístino.
Además del buceo y la contemplación, el producto turístico incluye la pesca recreativa, en la modalidad de captura y liberación. Según estudios del Centro de Investigaciones Marinas de la Universidad de La Habana y del Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros, la actividad de buceo es sostenible y de una calidad elevada, respaldada por la forma de gestionar el área y sus recursos, y por la conservación de sus ecosistemas y la tasa de repitencia.
Más de 500 años después, el archipiélago al sur del centro de Cuba continúa siendo un jardín digno de una reina.
Comentario enviado a On Cuba, de cuya publicación dudo. Espero.

Este archipiélago está constituido por cayos que se encuentran en el Golfo de Guacanayabo, donde vierte su caudal el Río Cauto y se halla el Gran Bajo de Buena Esperanza. (según ecured)
La hipocresía de los periodistas cubanos sólo es comparable en su falsedad a la doble moral del gobierno. ¡Así que reservorio genético; así que explotación turística sobre bases ecológicas y sostenibles!
Hay una planta de acumuladores en la ciudad del golfo de guacanayabo que por diseño debería estar vertiendo su porquería contaminante en los esteros, cerca de la desembocadura del Cauto. Fue puesta allí por la misma persona que logró echar a andar un proceso de culturicidio en aquella región que hoy continúa su paso arrollador. Puedo asegurar que las aguas residuales no llegan a donde se planificó porque antes del arranque de la planta pude recorrer el trayecto y había problemas de pendiente y de sellaje. Pero se han estado dispersando por toda esa área, en el manto freático, ambiente y personas. El plomo es segundo sólo del mercurio, que es el peor. Fui también el que luchó y pudo implantar el análisis de plomo en sangre para los trabajadores, pues el cubanito que negoció el contrato lo dejó en coproporfirina en orina; un crimen de lesa humanidad.
Sólo una mente enferma puede haber decidido poner esa planta donde está. Sólo mentes adocenadas pueden seguir explotando esa planta en esas condiciones. El valor final de la planta de tratamiento de residuales es de 1 ppm, porque el resto hasta 0.1 ppm el cubanito no la quiso comprar. Mientras yo fui el jefe de esa planta, puedo asegurar que rara vez subió de 0.1 ppm. Después que salí de allí acompañado por dos solícitos agentes del DSE, la operación de dicha planta dejó de ser algo relevante.
El antiguo ministerio de la pesca tiene los valores de plomo existentes en el golfo antes de arrancar la planta, estudio que hicimos en un barco del combinado pesquero a la sazón.
Espero que no me censuren este comentario, que es responsabilidad mía.  Mi nombre es real.

lunes, mayo 08, 2017

Barletta otra vez?

Todo tema que se relacione con la mafia tiene éxito asegurado. Dentro del morbo de la gente cabe no sólo la descripción detallada de los accidentes, catástrofes o asesinatos, sino la admiración de una organización tan siniestra como la Cosa Nostra.
Pero lo de Cirules con Barletta no tiene nombre.
Esta adoración sádico-masoquista ha logrado una verdadera verborragia en la era de Internet a partir de la obra de Enrique Cirules, El imperio de la Habana. 
A continuación les presento una síntesis del trabajo del investigador Juan Antonio Blanco en su obra Análisis de los ataques a Amadeo Barletta.
_fue encarcelado y torturado en 1935 por Trujillo, para robarle su empresa Dominican Tobacco Company, siendo cónsul  honorario de Mussolini en República Dominicana.
_recibió la Orden de la Estrella de Solidaridad Italiana en 1952.
_para vincularlo con los negocios de Mussolini, Cirules cita sus artículos de Bohemia de 1991, que remiten al libro La Coletilla de Gregorio Ortega que se refiera a un número de la Gaceta Oficial de Cuba que no menciona a Mussolini.
_fue acusado de haberse enriquecido bajo Batista, lo que justificó la intervención de su periódico El Mundo, donde  trabajaron Raúl Roa y Carlos Lechuga y su estación de TV Telemundo.
_se arriesgó a dar empleo a un comunista, Marcos Behmaras.
_Barletta no hizo negocios con funcionarios o familiares de Batista ni recibió financiamiento estatal.
_no aparece evidencia alguna en los documentos oficiales del Banco Atlántico de relación alguna suya con el turismo, hoteles o casinos.
_el vínculo mafioso de su Banco Atlántico mencionado por Cirules, no es más que señalamientos de vulnerabilidades, sin sanciones propuestas, en auditorías rutinarias del Banco Nacional que posteriormente declara superadas.
_la verdadera acusación de mafioso se la hizo Pedro Luis Padrón en Granma en marzo 31 de 1971 y no en enero y febrero de 1960.
_refutó la falsa acusación de evasión de impuestos en 1957.
_compró terrenos en Boyeros entre agosto y septiembre 1951, antes del golpe.
_Batista nunca le devolvió, según falló el Tribunal Supremo, un edificio que la había confiscado en 1942.
_nada lo inculpa de ilegalidades en sus expedientes en FBI o CIA obtenidos bajo Freedom of Information Act.
_no aparece mencionado en un documento al que recurre T. J. English, de septiembre 1961, Departamento del Tesoro, Organized Crime Bureau of Miami Dade, para vincularlo a la Maffia, ni en las audiencias de la comisión Kefauver.
Hojarasca.














martes, abril 25, 2017

La información es poder.

Nadie critica al que le paga. Punto y aparte.
Mientras la patronal sea la dueña de toda la actividad mediática en Cuba, nada va a cambiar, pues eso es precisamente lo que busca el pececé: que todo siga igual.
Digo una vez más que la prensa oficial está bien como está y que no debe cambiar ni un tilín; sólo tiene que haber alternativas.
Ni ahora ni antes ha sido interés del poder, el compartirlo y todos sabemos que información es poder. Cuando todavía la fuga de fuerzas vivas de la sociedad cubana no se había consolidado y Hoy y Revolución proclamaban a dúo una original libertad de prensa, precedido por el inicio de la revolución cultural, el fracaso de los diez millones y la fundación de la nueva trova, un suceso extraño conmovió a Manzanillo: el asesinato del honorable jefe del partido comunista en toda la región.
Cualquiera puede pensar que ese hecho podría calificar para ser divulgado fuera de las fronteras de la aldea. El periódico Granma no, lo que pudiese ser comprensible si El Diario de la Marina no hubiese tomado las de Villadiego. Ya el Granma ha demostrado ser inmune al Internet que es decir mucho y superior al Pravda en hermeticidad, que es decirlo todo. Ni siquiera la prensa estalinista pudo retraerse de lo que pasó el primero de diciembre de 1934 en Leningrado, cuando el secretario del partido comunista, camarada Kirov, fue asesinado por el camarada Nikolayev, su escolta, por traición con su esposa Nina. (La traición es de Kirov y la esposa es de Nikolayev). Tuvo tal resonancia el asunto que hasta cambió la ley de la noche a la mañana para hacer más expedito el juicio en esos casos.
En Cuba la noticia no llegó a ningún lugar, se quedó allí entre los ciudadanos que celebraban al único jefe que tenía serias intenciones de poner al pueblito del golfo donde se merece. Antonio Morales murió herido de bala en una obra pública del litoral del golfo de guacanayabo, a manos de su colaborador Chiqui Romero, con cuya esposa Iridia Rivero lo traicionaba.
¡Cuántos hechos como este no habrán sucedido ignoradas por el soberano!
El pueblo está para aplaudir y apoyar, no para saber todos los detalles, pues ahí está el diablo, como dicen los americanos: el Granma está ahí para brindarle una especiota cuando de producción se trata, no para informarle al infeliz que su secretario general se dedica a desterrar a sus colaboradores a heroicas tareas de extramuros mientras su compañera, que atiende el frente femenino, se refocila, con regocijo, en nuevas actividades.  
Chiqui se salvó del pelotón de fusilamiento porque el defensor terminó su discurso con lacónicas palabras, Quien traiciona un amigo, traiciona a su patria.

miércoles, marzo 22, 2017

El choteo de la cubanidad.

La mirada del otro en la tradición negativa de la poesía cubana.
MILENA RODRÍGUEZ GUTIÉRREZ.

En un trabajo reciente aunque todavía inédito («contra colón: la distopía en la poesía cubana del xix y del xx»)1, aventuré un recorrido por la tradición otra, también llamada negativa, iconoclasta, o del reverso, de la poesía cubana. Aquel trabajo aludía a textos cubanos del siglo xix y del xx y se planteaba en cierto modo, así se reconocía literalmente, como una «ampliación y continuación» de la sección de la «Palma Negra» que aparece en la excelente antología de Francisco Morán La isla en su tinta y que agrupa, como es sabido, algunos textos emblemáticos, sobresalientes, de esa tradición negativa.
Me centro ahora en «A la isla de Cuba», uno de los poemas comentados y que allí se daba a conocer. Prácticamente desconocido para el lector cubano, este poema tiene suficiente interés como para merecer un detenido examen.

A la isla de Cuba
La tierra más famosa que vieron mis ojos. 
CRISTOBAL COLÓN (Según Las Casas).2


¡Salve! Feliz morada de alacranes , 
mansión de filarmónicos mosquitos , 
tierra de terremotos y huracanes , 
salve con tus Panchitas y Panchitos ; 
con tus ríos poblados de caimanes , 
tus plátanos , híscaros y caimitos . 
¡De admiración yo te contemplo mudo! 
¡Sartén de Nuevo Mundo!... te saludo. 

¡Salve, fértil país de cucarachas , 
clásica tierra de la cascarilla , 
donde hacen tus simpáticas muchachas 
(blancas, mulatas, chinas y amarillas) 
de su cara un depósito de gachas 
mosáico de albayalde y cochinilla! 
¡Salve con tus guayabas y mamones , 
tus tortugas y enormes tiburones ! 

Tierra feliz en donde el sol radiante,
el cerebro derrite a los humanos;
en donde reina el vómito arrogante,
matando sin piedad a los cristianos.
Donde el pasmo y el cólera triunfante
se muestran absolutos soberanos,
y se pasa sudando el año entero,
lo mismo en agosto que en febrero.

Tierra en donde los negros son morenos
y pardos se apellida a los mulatos,
y a los hombres pacíficos y buenos,
mansos los llaman, cual si fueran gatos;
niños a los que tienen cuando menos
más años que han mudado de zapatos;
donde casacas llaman a los fraques,
y malakkof a los huecos miriñaques.

Tierra de las volantas y quitrines ,
en donde dicen grande en vez de anciano,
bailadores en vez de bailarines,
y al que es vivo y ligero que es liviano ;
chupas lo que allá son levitines,
tibores a una cosa que callamos,
al que gusta de andar caminador ,
y al que es algo locuaz conversador .

Tierra que muestras a la luz del día,
tus jóvenes montados en alambres,
verdes como corteza de sandías,
y gordos, el que más, como un estambre.

Pero en cambio su ardiente fantasía
morir no les hará nunca de hambre,
que cada cual percibe en su alma inquieta,
la inspiración bullir del que es poeta.

Todos nacen poetas en tu suelo,
y a Apolo por doquier alzando altares,
todos ensalzan con ardiente anhelo
las aguas del simpático Almendares .

Todos cantan aquí el cubano cielo,
los mangles , las palmeras y los mares ,
los felices natales de Panchita,
y el prematuro fin de mi abuelita .

¡Cuba! ¡Hermoso país! ¿Quién no te adora,
si tus brisas un punto ha respirado;
si ha sentido la llama abrasadora
de tu sol, su cerebro calcinado?
Si ha pensado morir en mala hora
a impulso de tu clima endemoniado.

¿Quién no creerá al verte que el Eterno
bajo tu suelo colocó el Infierno?

Queda a Dios con tu azúcar y tabaco
y tus bosques plantados de palmeras ,
con tu aguacate , quimbombó y ajiaco ,
con tus níveas beldades hechiceras .

Sigan cantando a Venus y al dios Baco
sus poetas, y al cielo y a las fieras,
y tú entre tanto canta, baila y fuma
que yo harto de ti dejo la pluma2.

La visión mítica, paradisíaca, de la isla de Cuba ha sido la visión canónica en la poesía cubana hasta hace pocas décadas. Esa tradición, como se ha dicho, se inicia con el Diario de navegación, del Almirante, y continúa en poemas como «Espejo de paciencia», «A la piña», o la «Silva cubana», escritos desde lo que Lezama llama «la perspectiva mitológica». Sigue manifestándose en el siglo xix y se desarrolla en el xx frecuentemente asociada, en la poesía surgida a partir de 1959 y hasta aproximadamente los años 80, a la visión idílica y mitificada de la Revolución, nuevo mito que nutre el mito originario.
Esa tradición mitológica ha opacado la tradición otra, llamada con diversos nombres: negativa, del reverso, iconoclasta, que también coexiste en la poesía cubana y que puede rastrearse, como han apuntado Jorge Luis Arcos o Francisco Morán, desde el siglo xix, en poemas como «La ronda», de Manuel de Zequeira; «El verano en La Habana», de Francisco Muñoz del Monte; «En días de esclavitud», de Juan Clemente Zenea, o «Nostalgias», de Julián del Casal3.
En los últimos años del siglo xx y en los primeros de este xxi, esa tradición otra se ha afianzado en la poesía cubana (también en la narrativa), convirtiéndose en dominante y central, en uno de los rumbos más visibles de la poesía contemporánea de la Isla, escrita tanto dentro como fuera de Cuba. Así, Francisco Morán, que ha recogido una notable muestra en la sección «Palma Negra», escribe que es precisamente esta tradición negativa la que «hace confluir, por primera vez en treinta y ocho años, a los escritores del exilio […] con los escritores de la isla»4. Se trata, como bien dice Morán, de un discurso poético que «descalifica y socava el mito»5.
Pienso que, acaso, valdría la pena recurrir a Nietzsche y a El origen de la tragedia (título, sin duda, con una resonancia especial en la Cuba de hoy) para denominar estas dos tradiciones, llamando a la primera, perspectiva apolínea, y a la segunda y opuesta, la negativa, dionisíaca. Estos nombres no se corresponden, tal vez, con todas las significaciones nietzscheanas asociadas a ambos términos, pero sí con algunas que me parecen determinantes; así, de la primera, la apolínea, podríamos destacar su espíritu socrático, cómo se manifiesta en ella «la ilusión sin límites del optimismo»6; frente a la segunda, espíritu pesimista, propio de aquellos que han visto, espíritu que da cuenta de lo extraño, lo monstruoso, lo paralizante, y que pone en evidencia que «del aniquilamiento del individuo puede nacer un goce»7. La tradición mitológica o apolínea de la poesía cubana tendría, pues, la misma función que para Nietzsche: ser una máscara que se coloca sobre la visión otra o dionisíaca, como esa «ilusión que oculta su verdadera naturaleza bajo un velo de belleza»8.
Digamos, entonces, que la tradición otra o dionisíaca pone en entredicho la tradición canónica, mítica o apolínea; nos hace recordar que ésta no sólo se basa en el mito, como dijera Lezama, sino también, en cierta medida, en el chisme, en el cotilleo: «y dice que es aquella isla la más fermosa que ojos hayan visto» (lo que dijo Las Casas que dijo Colón) y, también, en el malentendido (Cuba era, en la mente de Colón, Cipango, la tierra del oro y las riquezas). Después de todo, malentendido y chisme, ¿no son acaso ingredientes esenciales del mito? Y es que esta otra tradición dionisíaca encierra un discurso que resulta, en última instancia, contra-colombino: Cipango se convierte en la tradición dionisíaca en una isla cualquiera: otra isla más; o en una tierra frustrante para el individuo, o, incluso, en la isla de los infiernos. (No hace falta recordar «La isla en peso», de Virgilio Piñera, como paradigma de esa tradición negativa o dionisíaca).
Quiero referirme, en estas líneas, a un poema menor y prácticamente desconocido9 que, sin embargo, desde mi punto de vista, posee, para esta tradición otra o dionisíaca, un valor simbólico similar al que tienen las famosas palabras de Colón en la tradición apolínea; con la ventaja, asimismo, de que este poema menor abunda mucho más en el tema que nos interesa que las escuetas y archicitadas palabras del Almirante. 
«A la isla de Cuba», que así se titula el poema, puede considerarse uno de los textos fundadores (entendiendo esta fundación en un sentido simbólico, aunque cronológicamente sea otro su lugar) de la «Palma negra», ya que encarna, como las palabras de Colón, la mirada del otro, la mirada del forastero, del viajero o del trasterrado. ¿Y no es acaso la mirada del otro la que primero empieza a constituirnos, la que comienza a darnos la dimensión de lo que somos? Se trata, por otra parte, de un poema cómico, y ¿qué mejor comienzo para la tradición otra que justamente la comicidad, la burla? Pocas estrategias más eficaces que lo cómico para «socavar el mito». 
En «A la isla de Cuba» encontramos una mirada que representa un contrapunto a la visión colombina; contrapunto establecido por un sujeto-autor que, al parecer fue también, como Colón, un marino, pero en este caso del siglo xix, y, al contrario que el Almirante, anónimo, sin nombre y sin hazañas que contar o que cantarse. Se trata de unos versos menores, costumbristas, aunque escritos con bastante gracia, una gracia que se percibe todavía hoy (tal vez sea ese uno de los rasgos de la tradición dionisíaca, que los textos que la representan tienen un algo, cercano a lo real cubano, que los mantiene vivos, inmunes al paso de los años). El poema fue incluido por Antonio de las Barras y Prado en un libro no demasiado citado10, pero de gran interés y muy ilustrativo y recomendable para acercarse a La Habana y, en general, a la Cuba del xix. Se trata del titulado La Habana a mediados del siglo XIX. Memorias, escrito por un comerciante asturiano-andaluz («un caso de equilibrio entre el norte y el sur de España»)11, nacido en 1833 y que reside, al parecer, en Cuba entre 1851 y 1861. Las memorias, sin embargo, sólo van a ser publicadas póstumamente en Madrid en 1925 por Francisco de las Barras, su hijo. Así presenta el poema Antonio de las Barras en su libro: 

          Por entonces [aproximadamente, año 1861] circulaban por La Habana unos versos                               humorísticos, escritos, según me han dicho, por un guardia marino, desesperado por 
          la nostalgia, que estuvo de guarnición en un buque de este apostadero12.

Y añade De las Barras que, «aún cuando no muestran simpatía por la Isla tampoco pueden tacharse de ofensivos»13. «A la isla de Cuba» es, entonces, como decíamos, un texto anónimo, o aparentemente anónimo (siempre cabe la posibilidad de que lo hubiera escrito el propio autor de las Memorias, pero esta circunstancia no alteraría nuestro punto de vista: Antonio de las Barras sigue siendo un trasterrado anónimo, o sea, nadie); un poema que aparece, también —al igual que en cierto modo la frase fundadora del Diario… de Colón— sin la firma del autor original; un texto obtenido, asimismo, a través del chisme. Aunque aquí se trata de unos chismosos marginales, de mucha menor categoría (marginalidad, por otra parte, congruente con la propia tradición que instituye): De las Casas, el relator y chismoso ilustre, ha sido sustituido por De las Barras (la sustitución en los nombres es sin duda sugerente, de una resonancia premonitoria pavorosa: casas, para los apolíneos; barras, para los dionisíacos), chismoso menor y casi desconocido. Y el supuesto autor del chisme, el gran Almirante, se ha transformado en el oscuro, anónimo guardia marino español trasterrado. 
Leyendo el poema, acaso lo primero que llama la atención es la cita que lo encabeza, versión de las palabras del Almirante, confusión entre fama y fermosura, que, desde el primer verso, nos percatamos que están colocadas con intención irónica, de burla. Y es que tanto la visión ofrecida de la Isla como el tono de sátira, de mofa que recorre el texto, se encargan de poner en entredicho las palabras de Colón sobre la supuesta fermosura (aquí presentada como fama) de la Isla. 
Es éste un texto de la anti-utopía, y todavía más, del hartazgo. «Espejo de impaciencia», podríamos, acaso, titularlo, para continuar con nuestra idea de su carácter fundacional. Aparecen aquí, como en «El verano en La Habana», de Muñoz del Monte, las referencias negativas al clima de la Isla, elemento central en el poema, presentado con imágenes similares. Así, donde Muñoz del Monte escribe del sol que «La masa cerebral volatiliza; / La médula transforma en vapor denso, / Y en las venas la sangre carboniza», el trasterrado español habla de ese sol radiante que «el cerebro derrite a los humanos», de esa tierra donde «se pasa sudando el año entero / lo mismo en agosto que en febrero», o se refiere a «la llama abrasadora de tu sol, [que deja] su cerebro calcinado», o califica al clima de la Isla de «endemoniado»; o dice incluso que «...el Eterno / bajo tu suelo colocó el Infierno» (verso cuyas resonancias escapan, al menos leyéndolos hoy, de lo exclusivamente climatológico). De estas imágenes negativas sobre el clima de la Isla me parece de gran eficacia la burlona «Sartén de Nuevo Mundo» que, acompañada con sorna de ese «te saludo», remite y da la vuelta a los habituales saludos al sol de los románticos, que pueden hallarse en nuestra lengua en Espronceda o en la Avellaneda. Pero el español trasterrado va más lejos que el Muñoz de «El verano...» —audacia que, tal vez, puede permitirse un trasterrado español a diferencia de uno americano—: no se percibe en «A la isla...» la más mínima duda ni posibilidad de arrepentimiento, no hay en este texto ninguna «lágrima quemante» que pueda hacer retornar, con añoranza, lo rechazado. 
En «A la isla...» se añaden, además, a la terrible circunstancia del clima por todas partes, nuevos motivos para el descontento y el rechazo. Como la presencia de alacranes, terremotos, cucarachas, mosquitos —esos mismos insectos que tanto exasperaban a la Condesa de Merlín—; enfermedades; junto al desconcierto burlón y al extrañamiento por el empleo que se hace en la Isla de la lengua propia. En este punto, merecería, tal vez, la pena que hiciéramos una digresión. 
Podría pensarse que el autor-hablante de este poema se corresponde con el modelo del trasterrado ovidiano, ese que tan bien ha descrito Claudio Guillén en su espléndido El sol de los desterrados. Y algo de eso hay en estos versos, a través de cuya burla se lee, sin duda, la extrañeza, la incomodidad, el mal-estar en el sitio en el que se habita probablemente de manera forzada, lugar que no se reconoce como propio y que produce un choque, un rechazo para ese hablante forastero del poema. Llama la atención, sin embargo, que esa nostalgia del trasterrado se hace palpable, fundamentalmente, en el lenguaje; no en la lengua, que desde luego es la misma, sino más precisamente en el habla. Incomodan así al forastero que habla el mismo idioma, que a los hombres pacíficos se les llame mansos; o a los ancianos, grandes (acepción que, por cierto, no se utiliza ya apenas en Cuba); o casacas a los fraques, o bailadores a los bailarines, o todos esos Panchitas y Panchitos, etc. Es como si el hablante-autor del poema, ese supuesto marino español, sintiera, no sólo que no puede «servir a dos gramáticas a la vez»14, como dijera el cubanoamericano Pérez Firmat, sino más aun, que incluso dentro del mismo idioma, es imposible servir a dos hablas a la vez. En este sentido, el poema resultaría precursor de ciertos textos escritos por emigrantes en los que tiene una significativa presencia la nostalgia idiomática.
Pero volvamos a nuestra perspectiva cubana. Me parece interesante destacar cómo son vistas en el poema las mitificadas frutas de la Isla, presentadas como parte de la chanza del trasterrado. Así, como si se escribiera una especie de «Silva cubana» al revés, los plátanos, híscaros y caimitos, las guayabas y mamones, el aguacate y el quimbombó, el azúcar y el tabaco, y aun las archi-simbólicas palmeras cubanas pierden todo su poder mitológico; parafraseando a Cintio Vitier, podríamos decir que se convierten en «unas frutas cualquieras» (sin que deje de resonarnos la connotación negativa de la palabra cualquiera). 
Pero «A la isla...» remite también a otro poema de la tradición negativa en el xix, aquella «Sátira contra los vicios de la sociedad cubana», de Federico Milanés. Aunque al trasterrado no le interesa tanto lamentarse de lo que funciona mal en la sociedad, sino sencillamente burlarse de algo que entraría en el orden del carácter, o de la identidad del cubano: «Pero en cambio su ardiente fantasía / morir no les hará nunca de hambre, / que cada cual percibe en su alma inquieta / la inspiración bullir del que es poeta». La burla toca entonces una zona acaso más sagrada en Cuba que la naturaleza con su sol, sus palmas, sus frutas; esto es, el propio carácter de sus habitantes, y especialmente, su más que pródiga disposición poética. Aparece entonces en el poema la siempre poética isla de Cuba, en la que todos andan prestos a poetizar y a componer alabanzas a cualquier cosa típica del terruño, por menor que resulte ante los ojos del otro, del extranjero o del forastero (¡cuántos poemas cubanos nos hace recordar el trasterrado con ese verso: «todos ensalzan con ardiente anhelo / las aguas del simpático Almendares»). Y es que pienso que este poema tan menor es un compendio de la poesía de la tradición otra, negativa o dionisíaca del xix; que contiene, además, de modo casi explícito, la propia crítica hacia la tradición apolínea, esa tradición que se revela a menudo tan cercana al ridículo, mitificando lo mismo el cielo cubano, que los mangles de la Isla, que el prematuro fin de la abuelita: «Todos cantan aquí el cubano cielo / los mangles, las palmeras y los mares, / los felices natales de Panchita, / y el prematuro fin de mi abuelita». (Entre paréntesis, también resuena ahora de un modo peculiar para los cubanos ese verso sobre el supuesto prematuro fin de la abuelita, o abuelito, con sus cantos asociados. Pensemos, por ejemplo, en la reciente antología Viaje a los frutos con sus textos laudatorios sobre el Comandante abuelito). Para ser justos, habría que decir entonces que más que nostalgia o añoranza por su tierra de origen hay en este texto aburrimiento, empacho, hartazgo (hastío sería demasiado metafísico): la mitificada fermosura (causa de la fama de la Isla), una vez descrita y desmenuzada, no produce así tanto el deseo de regresar, de volver a la tierra de origen —tampoco, a la manera casaliana, «un ansia infinita de llorar a solas»— sino, simplemente, unas ganas inmensas, vulgares y antipoéticas de «dejar la pluma».
Quisiera terminar anotando que tiene razón Antonio de las Barras cuando dice que el poema, a pesar de todo, no resulta ofensivo. «A la isla...» nos hace reír o sonreír todavía hoy a los cubanos (acaso más que en el siglo xix). Desde el punto de vista cubano, y siguiendo a Jorge Mañach, podría decirse que este texto constituye una de las mejores muestras escritas en verso —por un español trasterrado, un viajero— de choteo de la cubanidad. Los versos ponen así en evidencia la perspicacia de este choteador, su habilidad para, como dijera Mañach, discernir «lo cómico en la autoridad»15, para «descubrir lo objetivo risible que había pasado inadvertido a los observadores más intensos»16. El choteador, trasterrado español, chotea así aquello que los choteadores por antonomasia no se atreven nunca, o casi nunca, a chotear: su identidad, su cubanía. Paradójica, irónicamente, a muchos cubanos de hoy nos resulta más cercano De las Barras, el trasterrado español, y su choteo, que De Las Casas, el Almirante, y la supuesta fermosura de la Isla.





NOTAS:
1 Fue presentado en el VII Congreso de la Asociación Española de Estudios Literarios Hispanoamericanos, en septiembre de 2006. Se publicará próximamente dentro de las Actas de dicho Congreso. 2 «A la isla de Cuba»; en Barras y Prado, Antonio de las; La Habana a mediados del siglo XIX ; Memorias, publicadas por su hijo Francisco de las Barras de Aragón; Imprenta de la Ciudad Lineal, Madrid, 1925, pp. 53-55. Las cursivas no son mías. Se encuentran en la edición original. 3 Pienso que dentro de esta tradición otra se inscriben también poemas de algunas autoras cubanas del XIX, como »En la bahía», de Luisa Pérez de Zambrana o varios textos de Mercedes Matamoros (Consultar mi artículo «En la bahía: una visión distinta sobre lo otro cubano»; en Encuentro de la cultura cubana , nº 40, 2006, pp. 238243. Ver también el artículo «Contra Colón: la distopía en la poesía cubana del XIX y del XX», en prensa). 4 Morán, Francisco; La isla en su tinta. Antología de la poesía cubana ; Verbum, Madrid, 2000, p. 23. 5 Id., p. 25. 6 Nietzsche, Friedrich; «El origen de la tragedia»; en Obras inmortales ; Edicomunicación, Barcelona, T. 3, p. 1253. 7 Id., p. 1245. 8 Id., p. 1284. 9 La única referencia que he encontrado a este poema aparece en el prólogo a la edición de las Poesías líricas , de Gertrudis Gómez de Avellaneda, publicadas en Madrid en 1974 en edición de José María Castro y Calvo. Castro
y Calvo comenta el libro en el que aparece el poema, o sea, las memorias de Antonio de las Barras, e incluye el texto completo, aunque con numerosos errores. (Consultar Castro y Calvo, José María; «Edición y estudio preliminar»; en Gómez de Avellaneda, Gertrudis; Poesías líricas ; Atlas, Madrid, 1974, pp. 2425). 10 Ha sido utilizado fundamentalmente con dos propósitos: desde España, para dar cuenta de la presencia de los asturianos en Cuba; desde Cuba, para referirse a uno de los aspectos tratados con mayor minuciosidad en las Memorias : la esclavitud y los negros. De este segundo caso es ejemplo el libro de Walterio Carbonell Cómo surgió la cultura nacional (Ediciones Bachiller, Biblioteca Nacional, La Habana, 2005, segunda edición corregida y aumentada), que cita prolijamente a Antonio de las Barras y Prado. 11 Barras de Aragón, Francisco de las; «Dos palabras»; prólogo a Barras y Prado, Antonio de las; La Habana a mediados , del siglo XIX. Memorias , publicadas por su hijo Francisco de las Barras de Aragón; Imprenta de la Ciudad Lineal, Madrid, 1925, p. 7. 12 Barras y Prado, Antonio de las; La Habana a mediados del siglo XIX ; ed. cit., p. 53. 13 Id. 14 Pérez Firmat, Gustavo; Cincuenta lecciones de exilio y desexilio ; Ed. Universal, Miami, 2000, p. 21. 15 Mañach, Jorge; «Indagación del choteo»; en La crisis de la alta cultura en Cuba. Indagación del choteo ; Ed. Universal, Miami, 1991, p. 63. 16 Id.






















lunes, marzo 13, 2017

Sobre la Lucha contra bandidos (LCB) en La pupila insomne (LPI).

A estas alturas de la historia nadie puede garantizar la memoria histórica si no la analiza con un poco menos de subjetividad; el enemigo asesina y los amigos ajustician: eso es lógico en un partidista pero no en un historiador.
Como yo no soy historiador ni revisionista, sino espectador, tengo una serie de preguntas que no puedo contestarme:
1.- Por qué fue designado para dirigir esa campaña a Manuel Fajardo Rivero, un hombre que sólo sabía curar enfermos, sin el carácter adecuado para ese tipo de guerra, cuando había otros perfectamente idóneos para la tarea?
2.- Por qué se aplicaba la pena de muerte a los cautivos si la Constitución del 40 no lo permitía? La medida provisional que se hizo no tenía el "debido proceso" (due process).
3.- Por qué se fusilaban los colaboradores?
4.-Por qué la relocalización forzada de campesinos en la zona no recoge ningún caso de resistencia de los tantos testimonios al respecto que existen?
5.- Por qué no tuvo el gobierno cubano la más mínima magnanimidad ante los rebeldes, como lo tuvo España en la guerra del 68? Sobre este punto, para evitar confusiones voy a citar tres periódicos de la época:
La Iberia (Madrid 1868) 2/2/1869 P3
"Cubanos: La revolución ha barrido una dinastía y arrancado de raíz la planta venenosa que emponzoñaba hasta el aire que respirábamos; ha devuelto al hombre su dignidad y al ciudadano sus derechos.
"Insulares y peninsulares, todos somos hermanos, reconocemos un solo Dios y nos une el lazo de la misma religión, hablamos un mismo idioma y una misma es la bandera que nos da sombra.
"No extrañéis que tan embozadamente os diga mi sentir; hay palabras que manchan el papel en que se escriben y escaldan la lengua que las pronuncia.
"No hay libertad sin orden y sin respeto a las leyes. Quien voluntariamente abandona el terreno legal con que por primera vez se le brinda, es un malvado a quien deben juzgar los tribunales de justicia.
Insulares y peninsulares: Os hablo en nombre de España, en nombre de nuestra madre: ¡Unión y fraternidad! Olvido de lo pasado y esperanza en el porvenir.
¡Viva España con honra!
Habana, 6 de enero de 1869.
Domingo Dulce."
La Epoca (Madrid 1849) 3/12/1868 No. 6428 P3
"El general Valmaseda ha llegado ayer a Manzanillo, en donde expidió una proclama concediendo a los revolucionarios ocho días de plazo para deponer las armas y cesar las actividades contra el gobierno."
La Correspondencia de España 30/12/1868 No.4060 P2
"El conde de Valmaseda llegó a Puerto Príncipe el 19 a la cabeza de 900 hombres. A petición de los vecinos más influyentes, se suspendieron las operaciones durante cuatro días, con la esperanza de que se podría hacer algún arreglo con los rebeldes; pero la junta revolucionaria rechazó toda oferta de compromiso. En una conferencia celebrada el 25 los circunstantes representaban el talento y la riqueza del departamentro oriental. Algunos de ellos abogaron enérgicamente en favor de aceptar las reformas ofrecidas a la isla, pero la mayoría se negó a aceptar tales condiciones y expresó su determinación de luchar por la independencia.
El conde de Valmaseda les notificó entonces que pronto principiaría una lucha sangrienta."

sábado, febrero 11, 2017

El final, el centro y el principio de heisenberg.

Haciendo uso de la cualidad más preciada nuestra, a saber, que nos quedamos cortos o nos pasamos, los cubanos hoy día andamos alborotados con la cuestión del centrismo.
Centrismo, si realmente hay alguno, es un escape que debemos de andar buscando porque sabemos que necesitamos un balance, que la cosa se está yendo de un lado.
Como la mente es más comodona que los pies, creemos que la vida es una recta y que con sólo encontrar los extremos podemos determinar el centro y ya está. Pero, ¿cómo puede ir al centro el que no conoce ambos extremos?
Supongamos que tenemos dos esferas idénticas incluso en el color, separadas  a diez centímetros. No tenemos ningún observable correspondiente a la coordenada X aunque podemos introducir un observable H no dirigido pero que da la distancia. Ahora bien, si una esfera es roja y la otra verde, podemos observar que la del principio está a diez centímetros al este de la final.
Ese es el mecanismo usado en nuestra mente para salvar el principio de incertidumbre de Heisenberg. Las diferencias entre izquierdas y derechas son relativas. Los derechistas piensan que pueden tender al centro con moverse un poco al oeste y los izquierdistas viceversa.
Yo, por mi parte, estoy convencido de que el capitalismo es la génesis de mucho mal del actual en el mundo, pero no creo que eso le ceda algún tipo de credibilidad al socialismo. El capitalismo reduce las relaciones interpersonales al dinero, que es el  que facilita el poder. El socialismo las reduce al poder directamente sin pasar por el dinero. Los bancos tiranizan la vida en el capitalismo de tal modo que la soberanía está dosificada en miligramos de oro para el individuo. El apparatchik te hace la vida un trapo en el socialismo, con la agravante de que debes mostrarte agradecido aplaudiendo a la nomenklatura.
Un poeta al este le pide a Dios que al menos le deje morir su propia muerte. Otro al oeste le pide que le deje vivir su propia vida, en el centro.

sábado, diciembre 03, 2016

La muerte del lobo.

Cumple bien la misión penosa y ardua que te ha tocado en suerte
y luego sufre y muere, cual yo, sin decir nada.
Alfred de Vigny.

En un giro extraño, el gobierno cubano, portando las cenizas de Fidel Castro, ha decidido desandar la marcha de la Caravana de la Victoria que en los primeros días del año 1959 hizo él junto a la alta jefatura del ejército rebelde desde Santiago hasta la Habana. Por aquel entonces el motivo principal debió de ser la necesidad de hacer conspicua esta demostración de triunfo y anunciar el fin de una época, lo que no parece ser el caso hoy día.
Hace 57 años Fidel no se sintió obligado a rendir tributo a la ciudad que preparó su desembarco; envió hombres y dineros, armas y medicinas, ropa y zapatos, periodistas y fotógrafos neoyorquinos; brindó un valioso servicio de tránsito a sus agentes; respaldó su desplazamiento en la loma con huelgas en la calle; le fundió como baluarte el movimiento obrero y la burguesía media; le ofrendó una pléyade de héroes y mártires. Era de esperar que el gobierno no se sintiera obligado hoy día a mostrar las cenizas en Manzanillo, abandonado a su suerte por décadas hasta el estado actual; una ciudad decrépita que perdió no sólo su merindad sino su autoestima, con un conformismo extravagante, dudando hasta de su paisanaje.
La relación de los hechos históricos contradice el concepto establecido de que Santiago es la ciudad rebelde por antonomasia, ni siquiera en la revolución de Fidel. Su primera gestión política exitosa fue en Manzanillo, que propició el célebre secuestro de la campana de la Demajagua en la Habana, puesta en sus manos por el portorriqueño manzanillero Modesto Tirado, después de habérsela negado al ministro de Gobernación de Grau, en octubre de 1947.
Tenía que ser Santiago el nicho porque fue la escuela. Reposará junto a Martí, que fue enterrado allí porque murió accidentalmente en esa región; también junto a Céspedes, que debiera reposar en Manzanillo, donde está Masó y otros colaboradores y donde estuvo su taller.
No fue Santiago más que Manzanillo, en lo que va de historia, ni en la colonia ni en la república; no tuvo más representación el el Moncada o en el Granma, no lo superó en los aportes, en héroes o en mártires.
No tuvo Manzanillo que decir adiós al Cid que cabalgó Rocinantes: alfarero que moldeaba con polvo del camino y agua de lluvia; nuestro Juan de Robres que creaba el hospital y también los pobres. Su muerte provoca una mezcla formidable de sentimientos porque se atrevió a mezclar todos los colores de la vida: fue Procustes, fue Damocles, fue Danaides: unía dividiendo; convertía el revés en victoria; hacía más con menos; reconciliaba a Marx con Martí; vivía dos vidas, como la luna, una pública y otra privada.

Hubo algo que no sabía hacer: indiferentes. Y eso parece ser la especialidad de los que quedan, empeñados en continuar el fidelismo sin Fidel. Buena suerte.

sábado, noviembre 19, 2016

Patriotismo y antimperialismo.

Estimado Iroel;
Cuando bajaron de la Sierra los rebeldes yo tenía siete años. A los rebeldes les llamaban mau-mau y su promesa era derrocar a un gobierno oprobioso, entreguista, criminal, corrupto y anticonstitucional. Pero no decían que iban a detener la marcha de las instituciones democráticas.
En aquellos tiempos nos contaban de las proezas de los mambises con una perspectiva lejana, lógica de sesenta años de distancia. Hoy, a tantos años, la retórica heroica de 1957 al 59 en los medios de difusión masiva suena hueca.  
Creo entender que la disquisición que se ha planteado la mesa redonda _el patriotismo cubano equivale a antimperialismo_ resulta en una solución disyuntiva. Yo veo patriotismo, y no en el mejor sentido de la palabra, en vez de antimperialismo.
Primero, no puedo concebir un antimperialismo absoluto, puesto que solamente las naciones que han sido invadidas, sojuzgadas, humilladas, pueden odiar a un imperio específicamente: los polacos a los rusos, los armenios a los turcos, los irlandeses a los ingleses. Los cubanos de finales del siglo XIX llegaron a sentir profundo desprecio por el imperio de la madre patria, pero no por el naciente imperialismo yanqui. La opresión de España era más bien espiritual, si obviamos las obligaciones impositivas. Después de la revolución del 68 en España, la revolución del 68 en Cuba no aceptaba los términos conciliatorios, casi familiares, del general Dulce porque la condición fundamental de estos era mantener lealtad a la bandera roja y gualda. Hasta ahí llega nuestro antimperialismo.
Nuestro patriotismo es solamente un sentimiento profundo de que no nos parecemos a nadie.
Quizas la apreciación de Fernando Ortiz de que somos un pueblo de ciudadanos soñolientos y lectores dormidos no sea tan exacta hoy como podría parecer en los inicios de la república, pero sí encuentro adecuada su proposición de que tenemos una mente comodona. Necesitábamos un líder que cargara con la responsabilidad de la teoría revolucionaria de cambiarlo todo porque eso era lo que queríamos. Ya no queremos cambiar las cosas porque el líder no quiere. Si los hecho contradicen la teoría, peor para los hechos.
Buscábamos un  patricio con capacidad de liderazgo, da lo mismo un Quijote que un Juan de Robres.
Somos patriotas pero tenemos que importar el 80% de los alimentos, en un suelo fértil y con buen clima; aceptamos una constitución con un agradecimiento eterno a otro país; celebramos que la retórica de nuestros intelectuales sea una llamada a los Varegos.

martes, octubre 21, 2014

Por qué la Feria del Libro no llega a Manzanillo.

De 1857 a 1898 se editaron en Manzanillo, entre semanarios, bisemanarios, interdiarios y hojas sueltas, cuarenta y ocho publicaciones. El Eco de Manzanillo / Julio 1857 / Imprenta El Eco / Francisco Murtra (Trinitario) / C. M. de Céspedes – Rafael María Merchán – Angel Martí. El Vespertino / Febrero 1858 / Imprenta El Comercio. La Antorcha / Diciembre 1859 / Imprenta La Antorcha / Rafael García (Camagüeyano) / Manuel López – C. M. de Céspedes – Rafael María Merchán – Eligio Izaguirre – Rafael Caymari – José Joaquín Palma – Miguel García Pavón – Domitila García Doménico (primera tipógrafa cubana). La Cotorra / Enero 1864 / Imprenta El Comercio / Lorenzo Puentes Acosta (Puertorriqueño). El Comercio / Abril 1864 / Imprenta El Comercio (comprada) / Bartolomé Masó Márquez – Gines Escanaverino Linares. La Aurora / 1864 / C. M. de Céspedes. El Fosforito – Patria Libre – El Tribuno / Enero 1869 en La Habana / Rafael María Merchán. El Voluntario / Junio 1869 / Imprenta del Angel / Angel Martí – Enrique Ubieta. La Fusta / Enrique Montesinos (integrista). El Látigo / Luis Salazar (integrista). La Bandera Española / Angel Martín (integrista). Timoteo / 1870 / Francisco Javier Antúnez. El Cauto / 1873 / Francisco B. Bertot. La Doctrina / 1878 / Eduardo Yero Buduén – Luis Rodillo. El Anunciador / 1879. El Nuevo Régimen (autonomista) / Enero 1880 / Fermín Mazquiarán (Catalán) – Quintín E. Céspedes (Catalán) – Fernando Fernández de Córdoba. El Oriente / 1881. El Eco de Manzanillo / Diciembre 1881 / Imprenta El Pueblo / Eudaldo Tamayo – Alberto Segrera de la Rosa. El Artesano / 1882 / Francisco Javier Antúnez. El Artesano / 1903 / José del Carmen Guerra / Pedro Alejandro López. El Hijo del Pueblo / 1882 / Salustiano Bertot Céspedes. El Hijo del Diablo / 1882 / Fernando Fernández de Córdoba. El Guerrillero / 1882 / Miguel Montenegro. Concordia Masónica / 1883. La Voz del Pueblo / Febrero 1886 / Imprenta El Comercio / Salustiano Bertot Céspedes (Bayamés). (Primero de circulación internacional). El Triunfo / Noviembre 1886 / Imprenta El Progreso / Eduardo Yero Buduén (Bayamés). La Unión / Enero 1887 / Imprenta La Unión / Eduardo Camino Baldomir – Wenceslao Bosh Puig. El Tiempo / 1887 / Benjamín Ramírez. El Liberal / Octubre 1887 / Imprenta El Progreso / Francisco Serret – Francisco Fernández de Córdoba – José Mirٕó Argenter (Catalán). La Unión Española / 1890 / Ramón Ibañez – Antonio C. Julius. El Noticiero / 1895 / Imprenta El Comercio / Luis Otero Pimentel. Canta Claro / 1895 / Angel Martín (integrista) La Independencia (en la manigua) / Noviembre 1895 / Imprenta enviada desde Manzanillo) / Bartolomé Masó Márquez – José Guinot Saavedra (Habanero) – Enrique Loynaz del Castillo – Manuel de la Cruz. La Tribuna / Octubre 1897 / Rafael Gutiérrez Fernández – Andrés Martín. La Democracia / Octubre 1898 / José Miró Argenter – Fernando Fernández de Córdoba. Periódicos de corta duración de 1868 a 1898: La Sonrisa (José Elios Pérez), La Opinión (Wenceslao Bosh), La Verdad (Angel Martín), La Justicia (Domingo Socarrás), Miscelánea (Juan Torres Vega), La Chicharra (Eufemio Solá), La Epoca (Claudio Lescos Purset), El Diablo Cojuelo (Pedro Escarré) y Excelsior (Francisco Bertot Bertot).